lunes, 14 de septiembre de 2015

LEY DE TITIUS-BODE (ENSAYO)

Es una de las aportaciones más importantes al orden de los planetas. Relaciona la distancia de un planeta con respecto a su estrella. Y predice la situación a la que puede encontrarse un planeta.
Cuando originalmente se publicó, la ley era satisfecha por todos los planetas conocidos desde Mercurio hasta Saturno, con un hueco entre el cuarto y quinto planeta. Se consideró interesante, pero de ninguna gran importancia hasta el descubrimiento de Urano en 1781, qué encajó pulcramente en la serie. Basado en su nueva credibilidad, Bode inició la búsqueda del quinto planeta.
Pero esta ley no encaja bien para Neptuno. Se sabe que tras su órbita se encuentra el cinturón de Kuiper (a unas 100 U.A.) del que proceden los cometas de corto periodo mientras que los de largo periodo proceden de la nube Oort (a unas 100.000 U.A.),y que rodea al Sistema Solar a modo de esfera.

Por otro lado, en 1930 Clyde William Tombaugh descubre Plutón, cuya distancia media al Sol es de 39.44 UA, ¡que sí coincide con muy poco error con lo que predice la Ley de Bode para Neptuno! Para que esta ley sea perfecta, Neptuno debe encontrarse donde está Plutón, y Plutón debe retroceder hasta el doble de distancia del Sol de la que tiene ahora.
Pero el universo no se rige tal y como a la lógica humana le puede gustar. Es posible que en un futuro se encuentren más respuestas sobre el origen de la Ley de Bode y por qué funciona en la mayoría de los casos. No se conoce actualmente ninguna explicación satisfactoria a por qué los planetas están distribuidos según la Ley de Titius-Bode. Esta ley, además, no es absoluta, pues el planeta Neptuno, que se descubre en 1846 por Urbain Le Verrier, no cumple la ley, o más bien diremos que se separa de la ley en un error bastante pronunciado.
¿Pero qué ocurre entonces con los satélites que orbitan los planetas? ¿Cumplen esta ley? Una buena ley de la formación del Sistema Solar también debería predecir estas formaciones.
El orden y variedad del Sistema Solar se reproduce en el orden y variedad de los satélites de los planetas gigantes. Este hecho lo contempló y estudió por primera vez Galileo, publicándolo en su obra más importante: “Sidereus Nuncius”.
Hay solamente un limitado número de sistemas en que la ley de Bode puede probarse. Júpiter, Saturno y Urano tienen varias lunas grandes que aparecen haber sido creadas por un proceso similar al que creó los planetas. En la aplicación a los satélites debemos tener presente que deben descartarse todos aquellos que no han sido formados en las proximidades del planeta sino capturados por la gravedad de este. Estos cuerpos se caracterizan por ser pequeños, girar en un plano muy distinto de los satélites grandes o incluso tener un movimiento retrógrado.

La fórmula de Titius, realmente no tiene ninguna base científica. Esta fórmula se conoce como la ley de Titius-Bode, que relaciona la distancia de un planeta al Sol, con el número de orden del planeta mediante una regla simple. Matemáticamente, se trata de una sucesión que facilita la distancia de un planeta al Sol.
Y es que tal ley no es ley. Por muchos que algunos hablen de “hipótesis”, no hay nada detrás de Titius-Bode, salvo la casualidad. Y es que las posiciones actuales de los planetas de nuestro Sistema Solar no son más que puntos de equilibrio dentro de un sistema muy dinámico donde los planetas seguramente cambiaron sus posiciones originales durante el nacimiento del Sistema Solar, hasta establecerse en sus posiciones actuales.





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